Junto a las ovejas. Extra

Portada trashumancia

Capítulo 5. Junto a las ovejas

Extra. Los pastores y su jerarquía

En este artículo nuestro amigo Santiago Bayón Vera, nos explica en detalle la organización y la jerarquía que utilizaban los pastores trashumantes.

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La trashumancia no sólo fue una actividad económica a gran es­cala, sino de muchos habitantes de la Corona de Castilla que tenían el pastoreo como forma de vida, siendo portadores de una cultura y unos conocimientos peculiares. Entre estos jugaron un papel destacado los provenientes de las sierras de la submeseta septentrional (leoneses, riojanos, sorianos, segovianos) además de los conquenses co­nocidos en conjunto aún en la actualidad como “pastores serranos» en Extremadura. Por su pertenencia a antiguas comunidades de montaña, estos pastores se hallaban especialmente dotados para el oficio trashumante. Acostumbrados a permanecer durante cl verano en los puertos, se resignaban también a la larga permanencia de hasta siete meses interrumpidos en los pastos de extremo, período durante el cual la fami­lia permanecía en la montaña.

Los serranos fueron el elemento esencial en la composición social de la Mesta, constituyendo la gran masa de trashumantes de primera hora. Los ganaderos de varios pueblos próximos se organizaban entonces en cuadrillas locales, las llamadas «mestas» y «mestillas», que a su vez se encuadraban en los grandes partidos pecuarios del Reino: los de Soria, Cuenca, Segovia y León, ciudades que eran consideradas como las capitales serranas por excelencia. El partido de León, reunía las mestas leone­sas, burgalesas y riojanas.

El partido de León era el tercero en importancia, detrás de Soria y Segovia. Aunque el ganado lanar representaba el principal objeti­vo de las explotaciones, participaban también en la trashumancia otros ti­pos de ganado como caprino, vacuno, caballar (yeguas de cría y hateras) y mular. Destaca, la enorme importancia que en esta época tenían las grandes cabañas, que acaparaban la mayor parte de los puertos leoneses, y cu­yos propietarios eran ganaderos trashumantes residentes en Madrid. los ricos propietarios de las dehesas del Sur y las Comunidades Eclesiásticas. En las grandes cabañas, la media por explotación superaba en esta época los 10.000 animales, siendo en algunas mucho más numerosa, mientras que en el resto de los asociados mesteños rondaba los 200 animales por ganadero. Aun con esta deficiente estructura, los pequeños propietarios su­ponían el 66% de los electivos trashumantes.

Portada Santiago Vias Pecuarias

Los pastores leoneses practicaban la trashumancia de largo alcance en cuadrillas autóctonas o empleados como asalariados en las grandes caba­ñas, cuya importancia. principalmente en la montaña de Riaño y en Babia, se mantuvo con gran fuerza, hasta la primera mitad del siglo actual.

Para la gestión y organización del pastoreo existió una estructura je­rárquica, casi militar, en la que cada componente tenía cometidos concre­tos, tanto en los puertos, como en los caminos o en extremo. El máximo responsable de todo lo concerniente a las ovejas y el pastoreo en una de­terminada cabaña era el Mayoral. Hombre muy experto en los hábitos ga­naderos, procedía de un reducido núcleo de localidades de la montaña (Tejerina, Prioro, Remolina, Torre de Babia. Abelgas. La Majúa, etc.) en las que se había acumulado experiencia y tradición en el conocimiento del oficio y del territorio. En muchos casos, el puesto de Mayoral se transmi­tía de padres a hijos o entre familiares cercanos. Sólo en las empresas de tamaño particularmente grande, existía una categoría intermedia entre el propietario y el Mayoral, el denominado Administrador.

Como responsable máximo del gobierno económico de la cabaña, el Mayoral lleva la contabilidad en un cuaderno denominado “apiaradero» o libro de la cabaña, donde junto con los balances económicos, figura la contratación de pastores, soldadas, costes de manutención, enfermedades del ganado. arrendamiento de hierbas, distribución de rebaños en los puer­tos y dehesas, ventas de lana, etc. Una o dos veces al año, el Mayoral rin­de cuentas ante los dueños. Los viajes desde los puertos leoneses a Extremadura los hacía antiguamente en mula por eso se le denominaba “Mayoral de mula«. Posteriormente empezó a utilizar el tren.

En relación directa con el Mayoral, los Rabadanes ocupan el segundo lugar en la jerarquía de pastores. Son los encargados de cada rebaño (1.200 -1.300 ovejas). y en determinadas ocasiones, tanto en la montaña como en Extremadura, eran convocados para hacer las cuentas del rebaño a su cargo, decidir la venia de ovejas viejas, la selección y reparto de se­mentales y establecer las fechas y el orden de salida de los rebaños en los viajes. El Rabadán no hacía todo el camino andando con los pastores. Se adelantaba al rebaño para ir buscando lo necesario para los pastores y las ovejas (víveres, pastos. lugares de dormida) y se incorporaba algunos dí­as después.

Por debajo del Rabadán el orden es el siguiente: el Compañero, el Ayudador, el Persona, el Sobrao y el Zagal. El Compañero es el segundo en categoría entre los encargados de cada rebaño; marcha al frente del mismo en los caminos y dirige los «mansos» (carneros castrados que sirven de guía al resto de los animales). El Ayudador era el encargado de conducir las yeguas de vientre y de las “rastras» y «sobrerrastras» (caba­llerías de uno o dos años) por lo que también era llamado «yegüeros«. Los restantes componentes del equipo (Persona, Sobrao y Zagal) son los «arre­adores» en el camino, los que daban el pecho evitando que el ganado se salga de la cañada a los sembrados. para lo cual, los dos primeros se sitú­an en los laterales y el Zagal detrás del rebaño En los años treinta, en las cabañas de Riaño, se suprimieron las yeguas de las «escusas«, la escusa era el conjunto de animales que pertenecía en propiedad a cada pastor y que eran mantenidos en el rebaño del amo sin pagar por ello y se eliminó el Sobrao, quedando el número de pastores reducido a cinco por reba­ño. En la bajada, se solían añadir los «Escoteros» o improvisados trashu­mantes que bajaban hacia el Sur en busca de trabajo durante la invernía.

Al margen de estos cometidos en el camino, cada pastor tiene también funciones concretas cuando el rebaño se encuentra en los puertos o en Extremadura. En la montaña, el rebaño se divide en dos partes desiguales. La mayor es la «cabeza» (unas 800 ovejas) que va a los puertos más gran­des. Lo guardan por parejas turnándose en relevos de una semana. Las pa­rejas están formadas por el Rabadán y el Zagal por una parte, y el Ayudador y el Sobrao, por otra. Al desaparecer el Sobrao, quedaron tres pastores, deshaciéndose las parejas, y desde entonces sólo un pastor per­manece en el puerto. Si el Zagal es responsable, hacen una semana en la majada y descansan dos semanas en casa. En cuanto al resto del rebaño, el «retazo» (unas 500 ovejas), se dirige a los puertos más pequeños, y se guar­da a turnos entre el Compañero y el Persona. Además, durante el verano se solía contratar a un Motril o aprendiz que se encargaba de vigilar las ye­guas y de funciones más rutinarias, como el suministro de la ‘collera» (pan y aceite, sal para las ovejas, comida para los perros) a las majadas.

Cañada Real

En cuanto a las funciones en Extremadura, el Rabadán además de los cuidados generales sobre el rebaño, es el encargado de «ahijar” las ovejas según van naciendo, operación muy delicada que requiere especial aptitud para conocer todas las ovejas y emparejar cada una con su cría. El Persona, el Ayudador y el Compañero son los «hatajeros» o encargados del cuidado de los diferentes hatajos que se forman tras la paridera. El Compañero se encarga del hatajo temprano o «primada«; el Ayudador del “intermedio» («hatajillo») y el Persona apacienta la «chicada» o hatajo for­mado por las últimas ovejas paridas. El Sobrao se encarga de las yeguas y las cabras.

La peor parte la lleva el Zagal que se ocupa de las «borras» (corderas del año) y de las «machorras» (ovejas vacías), hatajo que se pasa el día re­corriendo las mojoneras o lindes de las fincas y las zonas del terreno más abrupto y de peor pasto. Además es el encargado de ir por agua, leña, ha­cer las sopas y las migas y si esto fuera poco, hacer también la «pella» o pasta a base de harina de cebada y agua para alimentar a los perros.

Para atender al conjunto de la cabaña, además de la anterior jerarquía profesional, existía el cargo de Ropero que se encarga de fabricar y repar­tir el pan y otras funciones de intendencia. Había un Ropero Mayor, equi­parado a la categoría del Compañero y Roperos Ayudantes que se equi­paran al Ayudador en escusa y sueldo. Estos residían en las Roperías, edificios situados en pueblos estratégicos de la montaña desde donde abas­tecían a los pastores en los puertos.

En Extremadura, el Rabadán dormía en el chozo principal junto con el Zagal, mientras que el resto de los pastores lo hacían junto a su hatajo, en el «chozuelo» o chozo móvil en el que solo cabía una persona y en el que se entraba agachado por una pequeña abertura. El chozuelo se trasla­daba de lugar cuando se cambiaban las redes o cancillas para hacer el «re­dileo».

El sueldo de los pastores estaba compuesto, y aún se conserva así, por dos conceptos: la «escusa«, y una cantidad en metálico (“la soldada”). Si el otoño y la primavera son favorables y hay comida bastante en el campo, la escusa no ocasiona gastos a los pastores, pero si vienen secos el dueño sólo paga el pienso de las ovejas, quedando el de las yeguas de la escusa a cargo de los pastores. Estos pueden vender libremente las crías de las ca­bras y yeguas sin intervención del dueño, pero los corderos de la escusa se venden junto con los del resto del rebaño. En general, la escusa es la prin­cipal fuente de ingresos, superior a la soldada, lo que obligaba a los pas­tores a esmerarse en el cuidado del rebaño.

La lana de las ovejas de la escusa era para los dueños de la cabaña, aunque en los últimos años, en que ésta bajo de precio, también se les con­cedió a los pastores. En los años treinta, se eliminó la escusa de las yeguas en las cabañas de Riaño y se subió el sueldo a los pastores treinta duros por cada animal suprimido de su propiedad. En esta época les correspondía cinco yeguas al Rabadán, cuatro al Compañero, tres al Ayudador, Sobrao y Persona y una al Zagal. El caballo o semental es del amo.

Además de estos ingresos directos, el propietario de la Cabaña facili­ta a los pastores el pan de trigo (en la Ropería se fabricaban «bolletes» de 1 Kg. que eran la ración diaria) y los «cundidos«: aceite, vinagre y sal. También paga médico y botica en caso de enfermedad. Cuando se produ­cía una enfermedad grave de algún familiar próximo, se abonaban los via­jes, sueldo completo y se les conservaba el puesto.

El Rabadán tenía, además, otros ingresos. Así por ejemplo, desde la salida de la montaña hasta el regreso le pertenecía la «perta«, es decir. la carne y pellejo de toda oveja muerta. En los años secos, cuando para sal­var la mitad de los corderos en Extremadura, había que sacrificar el resto, «doblando» todas las ovejas (cada cordero mamaba de dos madres), el producto de la venta de los recentales muertos también era para ellos. Por el contrario, durante el verano en los puertos, había que repartir la carne en­tre los compañeros, de una forma curiosa: El Rabadán y el Ayudador co­gen los cuartos traseros y los delanteros son para el Sobrao y Zagal. ha­ciéndose con el resto una caldereta. En el caso de suceder el «accidente» a alguna oveja en el retazo, en el que se turnan dos pastores, el reparto no plantea problemas.

Hay que tener en cuenta que, además de estos ingresos, la familia del pastor mantenía en la montaña sus propios animales y cultivaba las tierras, de forma que lo que se ganaba en el pastoreo prácticamente se ahorraba todo. Por el verano, en los turnos de descanso, el pastor aprovecha para realizar las labores más duras del campo, como recoger el cereal y la hier­ba, así como cortar la leña para el largo invierno.

En los pueblos leoneses de pastores trashumantes se ahorraba dinero debido a la economía de autoabastecimiento en que se vivía. Se construyeron buenas casas y había un relativo auge económico, disfrutando los pastores de una posición bastante acomodada para la época. Solía ocurrir que de los pueblos de los alrededores vinieran a pedir dinero prestado, pues se comentaba: “donde hay pastores, hay dinero». Dichos ahorros se conseguían a base de austeridad, sacrificio y de permanecer muchos me­ses alejados de la familia.

Los ascensos en la jerarquía pastoril eran generalmente por antigüe­dad, a veces también por meritos o elección libre por parte del Mayoral, como es cl caso del nombramiento de Rabadanes. El Mayoral, al ser el responsable máximo debía disfrutar de la plena confianza de los dueños de la cabaña y era, por tanto, elegido siempre por ellos. Por su rango. en Extremadura vivía siempre en una casa, en vez de en el chozo o chozuelo donde lo hacían los pastores. Generalmente la casa del Mayoral era el lugar donde también se situaba la Ropería y otros servicios.

Desde el punto de vista de la especialización económica, es un hecho notable que en todas las cabañas tradicionales que acudían a la montaña de León, tanto los Mayorales y Rabadanes. Como el resto de los pastores. eran leoneses y generalmente naturales de un grupo reducido de pueblos. Los pastores extremeños , denominados “jarotes» por los serranos, eran estantes y no querían venir a los puertos. Un hecho a destacar, es que todos los serranos leoneses sabían leer y escribir, y tenían un cierto nivel cultu­ral que contrastaba con el analfabetismo existente entonces en Extremadura.

Dentro de esta organización, el perro mastín es una pieza indispensa­ble en el rebaño para la defensa contra el lobo y otras «alimañas” así co­mo para ahuyentar al oso, sobre todo en los puertos. Sus funciones nunca pueden ser suplidas por el pastor. El número de mastines suele ser de cin­co por rebaño y su ración de pan es igual a la del pastor.

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